Descubre los beneficios reales que pueden aportar a tu salud metabólica.
En los últimos años se ha puesto muy de moda el método Wim Hof o los baños en agua fría como práctica de bienestar. En redes sociales se ven personas sumergiéndose en cubos de hielo y hablando de sus beneficios casi milagrosos. Pero… ¿qué hay de verdad detrás de esto?
Vamos a ver lo que dice la ciencia y, sobre todo, cómo puede ayudarte si sufres inflamación crónica o quieres mejorar tu salud general.

¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando te expones al frío?
Cuando te metes en agua fría —aunque sea solo unos segundos— tu cuerpo interpreta que está bajo un pequeño estrés. Para protegerte, activa varios mecanismos naturales que te ayudan a adaptarte mejor a los cambios.
Esto se llama hormesis, y significa que una dosis controlada de “estrés” (como el frío) puede hacer que tu organismo se vuelva más fuerte.
A nivel celular, pasan cosas muy interesantes:
- Se activa un proceso llamado autofagia, que podríamos traducir como “limpieza celular”: las células eliminan partes dañadas o residuos que, si se acumulan, favorecen la inflamación.
- Se activa el metabolismo, es decir, tus células empiezan a trabajar más para generar calor y mantener tu temperatura.
- Se estimula un tipo especial de grasa llamada grasa marrón, que ayuda a quemar energía y a regular mejor el azúcar en sangre.
El metabolismo y la inflamación: una conexión clave
Cuando el metabolismo celular funciona bien, tu cuerpo tiene la energía suficiente para reparar tejidos, mantener el sistema inmune en equilibrio y evitar el exceso de inflamación.
Pero si ese equilibrio se rompe (por mala alimentación, falta de descanso, estrés, tóxicos o sedentarismo), las células entran en un modo de “estrés crónico” y se liberan sustancias inflamatorias de forma continua.
Los baños en frío, al activar ese metabolismo y favorecer procesos como la autofagia, pueden ayudar a modular la inflamación, siempre que se usen correctamente y dentro de un estilo de vida saludable. variar:

Lo que dice la ciencia reciente
Un estudio publicado en Nature Metabolism en 2025 mostró que la exposición al frío produce una “reorganización metabólica” en todo el cuerpo: cambia la forma en la que los tejidos y la sangre usan la energía, lo que mejora la capacidad para generar calor y mantener el equilibrio interno.
Otro estudio, publicado en 2024, analizó los efectos de los baños de agua fría y encontró mejoras en la respuesta inmunológica, el ánimo, el sueño y algunos marcadores inflamatorios, aunque también señaló que no todas las personas reaccionan igual ni los resultados son permanentes.
En resumen: hay evidencia científica de que los baños en frío pueden ser beneficiosos, pero no sustituyen los pilares de la salud: buena alimentación, ejercicio, descanso y control del estrés.

Cuándo puede no ser recomendable
Aunque es una práctica segura para la mayoría, hay situaciones en las que no se recomienda comenzar sin supervisión:
- Enfermedades cardiovasculares o tensión inestable.
- Problemas tiroideos no controlados.
- Episodios de inflamación activa o fatiga extrema.
En estos casos, es mejor consultar antes con un profesional de la salud.
Como puedes empezar de forma segura
Si te gustaría probarlo, empieza poco a poco:
- Combínalo con los pilares de salud: alimentación antiinflamatoria, descanso reparador y ejercicio regular.
- Termina tu ducha con 30 segundos de agua fría y ve aumentando el tiempo con los días.
- Respira de forma calmada mientras lo haces.
- Practícalo 2-3 veces por semana y observa cómo responde tu cuerpo.
Los baños en frío no son una moda vacía. Tienen un fundamento real en el metabolismo y pueden ayudarte a fortalecer tu sistema y modular la inflamación.
Pero el verdadero poder está en el conjunto: cuando el frío se suma a una alimentación equilibrada, al descanso, al movimiento y a la gestión del estrés, tu cuerpo entra en un modo de regeneración y equilibrio natural.
El frío no es magia… pero bien aplicado, es una herramienta potente para cuidar tu salud desde dentro.
Crea hábitos, Suma Salud ✨

