La revolución nutricional que llega tarde, pero empieza a ir en la dirección correcta
En los últimos días, una noticia ha sacudido el panorama de la nutrición internacional: Estados Unidos plantea un cambio profundo en sus recomendaciones dietéticas oficiales, impulsado por Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Salud y Servicios Humanos.
No se trata de un simple ajuste técnico, sino de un mensaje político, sanitario y cultural muy potente: invertir la pirámide alimentaria y volver a poner en el centro la comida real.
Y aunque este cambio supone un avance importante, desde una mirada integrativa y basada en la evidencia, todavía deja puntos clave sin resolver.

Un poco de contexto: cuando las guías no mejoran la salud
Desde 1980, las Dietary Guidelines for Americans (DGA) se actualizan cada cinco años. No solo influyen en la población estadounidense, sino que han marcado durante décadas las recomendaciones nutricionales de la mayoría de países desarrollados.
La pirámide de 1992, con cereales y derivados en la base, abrió la puerta a un consumo masivo de hidratos refinados y azúcares. En 2011 se sustituyó por MyPlate, pero el daño ya estaba hecho: el auge de los ultraprocesados se consolidó.
A esto se suma un hecho clave: en 2016, un estudio de la Universidad de Harvard demostró que la industria del azúcar y los cereales financiaron investigaciones para culpar a las grasas, desviando el foco del verdadero problema metabólico.
Los resultados están a la vista:
- Entre 1990 y 2020, la obesidad en EE. UU. se duplicó, afectando hoy a casi la mitad de la población.
- La diabetes tipo 2 y los eventos cardiovasculares también se duplicaron.
- A pesar de los avances médicos, la prevalencia de enfermedad cardiovascular no ha disminuido.
La pirámide invertida de RFK: “come comida de verdad”
El mensaje del nuevo planteamiento es directo y, por fin, coherente con la ciencia actual:
“Come comida de verdad”
La nueva pirámide vuelve a existir… pero boca abajo:
- Los cereales pasan a un segundo plano, incluso los integrales.
- La base se construye sobre vegetales y frutas, proteínas de alta calidad, grasas saludables y alimentos mínimamente procesados.
- Se elimina la permisividad histórica con el azúcar añadido y los ultraprocesados.
Por primera vez, las DGA reconocen que la proteína recomendada hasta ahora (0,8 g/kg/día) era insuficiente, ya que son valores mínimos que permiten el desarrollo de morbilidad (enfermedad), y elevan la horquilla a valores funcinonales de 1,2–1,6 g/kg/día, alineándose con la evidencia científica actual.

Esto favorece:
- Conservación de masa muscular
- Mayor saciedad
- Mejor control glucémico
- Desplazamiento natural de calorías vacías
También se destaca el valor de los alimentos fermentados (como kéfir o yogur), por su impacto positivo en la microbiota intestinal, algo que desde la psiconeuroinmunología clínica llevamos años defendiendo.
Aquí es donde sí aciertan
✔ Priorizar alimentos mínimamente procesados
✔ Dar protagonismo real a la proteína, vegetales y frutas
✔ Eliminar el límite “tolerable” de azúcar añadido
✔ Quitar la demonización histórica de las grasas
✔ Sustituir el concepto de «0% calorias, azúcares, grasas»
Todo esto supone un golpe directo a la industria alimentaria y un paso adelante en salud pública.
Mi opinión profesional: un avance necesario, pero incompleto
Y aquí es donde quiero aportar una mirada crítica y constructiva.
Como ya defendía hace años Carlos Ríos en su libro Come Comida Real, la base de la salud está en comer alimentos reales, sin etiqueta, sin manipular.
Que ahora este mensaje llegue desde Estados Unidos amplifica su impacto global, y eso es una buena noticia.
Pero…
1. El origen de los alimentos importa (mucho)
No basta con decir qué comer. Hay que explicar de dónde viene.
- Frutas y verduras deberían priorizar origen ecológico, libres de pesticidas y fertilizantes químicos.
- En la proteína animal, el foco no debería ponerse en demonizar la carne roja, sino en:
- Evitar procesados cárnicos
- Priorizar ganadería ecológica, sin antibióticos ni engorde artificial
- En el pescado, el origen salvaje debería prevalecer frente al de criadero.
¿Por qué?
Porque la manipulación del origen y el procesado empobrecen el alimento a nivel nutricional, generando productos calóricamente densos pero biológicamente pobres.
2. Alcohol: la recomendación debería ser clara
Aunque el nuevo texto dice “consuma menos alcohol”, la evidencia es contundente:
no existe una dosis segura de alcohol.
El alcohol:
- Daña la mucosa intestinal
- Aumenta la permeabilidad intestinal
- Altera la microbiota
- Sobrecarga el hígado
- Aumenta inflamación sistémica y riesgo oncológico
Desde un enfoque de salud integrativa, la recomendación debería ser consumo nulo, no ambiguo.

3. Sin Azúcares añadidos, pero cuidado con los sustitutos
La nueva pirámide acierta al recomendar la disminución drástica de los azúcares añadidos, algo absolutamente necesario si queremos frenar la epidemia de inflamación crónica, obesidad y alteraciones metabólicas. Sin embargo, este mensaje queda incompleto si no se matiza con qué se sustituyen esos azúcares, donde la mejor opción sin duda es la eliminación de los azúcares.
La mejor opción sin duda es la eliminación de los azúcares
En la práctica, reducir azúcar sin una educación nutricional adecuada suele traducirse en un mayor consumo de edulcorantes artificiales: aspartamo, sucralosa, acesulfamo-K, sacarina, entre otros. Y aquí es donde debemos ser especialmente cautos.
La evidencia científica actual muestra que muchos de estos edulcorantes:
- Alteran la microbiota intestinal, favoreciendo disbiosis.
- Interfieren en la regulación de la glucosa y la insulina.
- Mantienen la activación del sistema de recompensa cerebral, perpetuando la adicción al sabor dulce.
- Se han asociado, en estudios experimentales y observacionales, a un mayor riesgo de alteraciones metabólicas y procesos inflamatorios, y algunos de ellos se encuentran bajo estudio por su posible relación con el desarrollo de cáncer.
Desde un enfoque de salud integrativa, no tiene sentido eliminar el azúcar para sustituirlo por sustancias químicas que el organismo no reconoce como alimento.
La verdadera solución no está en cambiar un producto por otro, sino en reeducar el paladar, reducir la exposición al sabor dulce y priorizar alimentos reales que ya contienen azúcares de forma natural y acompañados de fibra, micronutrientes y compuestos bioactivos, como la fruta entera.
Menos azúcar, sí.
Pero también menos edulcorantes artificiales.
- Mejorar la calidad y la esperanza de vida
- Reducir inflamación crónica
- Prevenir enfermedades
4. El gran olvidado: el agua
En ningún momento se menciona el agua. Y esto es un error grave.
Vivimos en una cultura deshidratada, donde el agua se sustituye por café, té, refrescos o bebidas carbonatadas.
La hidratación celular depende no solo de la cantidad, sino de la calidad del agua:
- El agua con buen equilibrio de electrolitos hidrata mejor
- El agua del grifo puede contener cal, metales pesados y tóxicos ambientales
- El agua embotellada añade microplásticos
La mejor opción es:
✔ Agua filtrada
✔ Remineralizada
✔ Libre de contaminantes
Mediante sistemas de filtrado que eliminen lo nocivo y aporten minerales esenciales.
Conclusión: menos industria, más salud real
La pirámide anterior favorecía claramente a la industria alimentaria: azúcares, aditivos, ultraprocesados y productos diseñados para ser hiperpalatables, no saludables.
Este nuevo planteamiento va en la buena dirección, pero la salud no se construye solo con macronutrientes, sino con:
- Calidad del alimento
- Origen
- Procesado
- Hidratación
- Contexto metabólico e inflamatorio
Invertir la pirámide es un comienzo.
Ahora toca completarla con una visión verdaderamente integrativa, individualista y antiinflamatoria.
Porque la verdadera revolución nutricional no está solo en lo que comemos, sino en cómo y desde dónde lo hacemos.
Por ello en Saludablemente Tú creemos firmemente que la salud se construye con hábitos diarios, la nutrición y alimentación es una de ellas, pero es importante el contexto en el que nos movemos sin olvidar el resto de pilares básicos: el ejercicio, el sueño y el descanso, el control del estrés y lo tóxicos ambientales.
Crea hábitos, Suma Salud ✨

